miércoles, 2 de noviembre de 2011

Entre una Roca y la Pared

   Por Eduardo Angulo


Poco más de 130 minutos es todo lo que se requiere para contar la fatídica y real historia de Aron Ralston, un excursionista que sufre un accidente cuando una roca de 800 libras se desprende, cayendo sobre su antebrazo derecho y quedando así  atrapado contra la pared de un cañón. 127 Horas es la película de la que hablamos, en donde el director ganador del Óscar por Slumdog Millionaire, Danny Boyle, trata, desde su visión única, de sumergir al espectador en la dolorosamente inspiradora vivencia de Ralston y su lucha por la vida que se le desliza de las manos, para ser más específico, de uno de sus brazos. En una actuación que se atribuyó calificativos como “casi impecable”, “frecuentemente deslumbrante y perpetuamente sorprendente”, por parte de periódicos como el New York Post y el New York Times, James Franco interpreta el rol principal de Aron.  
Sobre cómo consiguió el papel para la cinta, Franco declara en una entrevista: “Resulta que él (refiriéndose al director Danny Boyle) pensó que yo estaba drogado en la reunión (donde leería el guión para tratar de ganar el papel). Alguien, sin embargo le dijo que yo no lo estaba y que sólo soy muy relajado y que debería de darme otra oportunidad; así que lo hizo y eso fue todo. Me dio el papel. ”

Una de las cosas que pueden parecer obvias, pero que es  muy inusual sobre esta película, es que se muestra a un actor completamente solo y en un ambiente aislado buena parte de la misma, semejante a la participación de Tom Hanks en Náufrago. Esto supone una serie de desafíos creativos y narrativos supeditados a la naturaleza de la situación que Aron vive, confinamiento total. El reto se vuelve entonces, conmover al espectador a través de una historia en la que el protagonista se encuentra inmovilizado y obligado a estar sólo y en un ambiente claustrofóbico gran parte de la película, sin la posibilidad de interactuar con ningún personaje secundario;  Aron se encuentra sólo él y su mente.


Esta carencia es resuelta por el director con brillante destreza, con la ayuda de un monólogo que el personaje de James Franco sostiene, dirigiéndose a sí mismo y en ocasiones a la cámara portátil que llevaba consigo. El clímax de este proceso de introspección a la que Aron se ve obligado ocurre cuando ya han pasado más de cuatro días desde su accidente, el agua y el alimento ya han sido agotados y Ralston se encuentra al borde del delirio. El excursionista, en su frustración e impotencia se vuelve a su cámara de video para narrar su estado, imaginándose a sí mismo como el anfitrión y el invitado en lo que parece ser un programa matinal de entrevistas, una muestra de que está empezando a perder su mente. Lo absurdo de este escenario es más evidente ya que Aron intenta evadir su realidad usando la comedia, la escena da un giro cuando a través de su reflexión termina acusándose a sí mismo por sus acciones, en especial el no haberle dicho a nadie hacia donde iba. 

                                              Grabación real de Aron Ralston, donde pide a la persona 
                                     que encuentre el vídeo, que contacte a su familia.

La convincente actuación de James Franco, muy devoto a su papel, marca la diferencia en lo que pudo haber parecido un documental de bajo presupuesto a lo que resultó ser: una película nominada a seis premios Óscar, incluyendo: Mejor Película, Mejor Actor Principal y mejor guión adaptado. Sin embargo lo más increíble de la película es la forma en que la brillante dirección de Boyle y el tremendo trabajo de Franco se juntan para contar la historia de Aron, que parece al principio, abrazar la soledad que su estilo de vida independiente ha provocado, pero que resulta ser una maldición de la que lamentablemente no saldrá ileso. 

La mirada del director que a menudo se enfoca en temas dolorosos o desagradables: pobreza y violencia en Slumdog Millionaire, adicción a la heroína en Trainspotting y la soledad del confinamiento y la agonía del dolor en 127 Horas; aborda estos conflictos y problemáticas sociales con la esperanza que emana de sus protagonistas. Cuando lo más fácil sería que el público se deprimiera con estas películas, el exuberante estilo narrativo de Danny Boyle logra más bien, animar y esperanzar. El enérgico ritmo de esta película y la atractiva sensibilidad de la actuación de James Franco te dejará atrapado mucho antes que Aron llegue a estarlo, en un viaje a través de la mente de Ralston que seguramente te conmoverá, te hará recapacitar y finalmente, te hará dar gracias por estar con vida.




2 comentarios:

  1. Interesante entrada, Eduardo. Es un gusto leer esta crítica cinematográfica. Me has convencido para verla. Saludos.

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  2. Estoy seguro que no te arrepentirás de verla Kevin, sin duda alguna, una de las mejores películas del 2010. Espero que te haga reflexionar tanto como me hizo a mi y gracias por tu comentario.

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